Un día en clase de ingls, el quinceañero Bobby Dekeyser se levantó e hizo un anuncio. La escuela no era lo suyo, afirmó para el regocijo de su profesor y de sus compañeros. Tenía la intención de dedicarse profesionalmente a ser portero de fútbol. Así era Bobby, instintivo, espontáneo y bastante alocado. Y como siempre, logró lo que se proponía. A la temprana edad de 19 años, firmó un contrato con el FC Bayern de Munich, uno de los clubs de fútbol más prestigiosos del mundo. El talento innato suele ser la explicación para un ascenso tan vertiginoso, pero Bobby insiste en que él no tenía talento. "No tenía talento con la pelota. No se me daba bien”. Pero lo que a Bobby le faltaba de habilidad natural lo sustituía con pasión, determinación y perseverancia. Nacido en Lovaina en el seno de una familia de empresarios y criado en Bélgica, Austria y Alemania, Bobby describe la vida en su hogar como “un caos divertido”. La familia se mudaba con frecuencia. Como rebelde nato, Bobby asistió a nueve escuelas. “No sabía lo que era una casa,” recuerda, “porque siempre solíamos vivir en una vieja fábrica”. Los parientes de su madre, empezando por el abuelo Heinrich Hummer, toda una inspiración para Bobby en el área empresarial, estaban en el negocio de la extrusión de plásticos. Al estar totalmente dedicados a su trabajo, tenían una forma muy especial de criar a los hijos. Recibían mucho amor, pero estaban sometidos a pocas reglas y a ningún tipo de supervisión. “Siempre quise tener algo normal”, afirma Bobby, “una esposa, niños y una casa”. Como no tenía ningún tipo de disciplina en casa, la buscó en el fútbol. Hubiese servido cualquier deporte, pero el fútbol ofrecía al que se auto describía como marginado, una ración extra de aceptación social.

Cuando Bobby tenía 13 años, estaba entrenando con tal intensidad que sufrió su primera fractura causada por el estrés. A los 14, ganó una competición juvenil nacional en Alemania y recibió la oportunidad de entrenar con su ídolo, Pelé, en la escuela de fútbol que el legendario delantero regentaba en Nueva York. A los 15, después de dejar la escuela, Bobby se dedicó a tiempo completo a perseguir su sueño de jugar al fútbol de forma profesional. Ni siquiera el servicio militar, obligatorio en Bélgica, podría pararle ahora: un año después, ya vestía los colores del FC Bayern de Munich como sustituto del excelente portero de entonces, el gran Jean-Marie Pfaff. Pero en el verano de 1990, Bobby, entonces portero del venerado TSV 1860 Munich, sufrió una lesión que cambiaría el curso de su vida; recibió un golpe en el lado izquierdo de la cara. En una cama de un hospital en Munich,  se enteró por los periódicos, no por su equipo, que había sido sustituido. En la cumbre de su carrera,  hubiese podido cambiar de equipo con facilidad. Pero Bobby estaba enfadado y durante la estancia en el hospital le dio tiempo a reflexionar. A pesar de haber hecho realidad el sueño de su infancia,  sabía que no se sentiría totalmente realizado como jugador de fútbol profesional. La vida era demasiado difícil, había demasiada presión y seguía echando de menos el ambiente cálido de hogar que llevaba buscando desde la infancia. Estaba preparado para embarcarse en una nueva aventura. De modo que con solo 26 años tuvo otra de sus ideas impulsivas y alocadas: dejó el deporte y fundó DEDON desde el hospital. A pesar de su heroica vuelta al campo para los últimos tres partidos, “probablemente los mejores partidos de mi vida", nunca más miró atrás.

“Me gusta crear ambientes,” recuerda Bobby. “Nunca los había tenido en casa. Siempre había algún motivo que lo impedía, divorcio, mudanzas, diferentes colegios...” Los años de futbolista fueron buenos y durante ellos había aprendido valiosas lecciones,  había ahorrado dinero y se había casado con el amor de su vida. Aunque tampoco le habían podido ofrecer los ambientes que buscaba. Pero ahora, con Ann- Kathrin a su lado, una familia que crecía a su alrededor y una empresa propia, podía empezar a crear él mismo esos ambientes.

“Cuando fundé DEDON”, explica Bobby, “sentí claramente: este es mi mundo. No pensaba en tener un gran éxito con el negocio. Sólo quería divertirme con la familia y los amigos”. Puede parecer una razón poco convencional para montar un negocio, pero él siempre ha sido un empresario poco convencional. Él mismo admite que no fundó DEDON con un plan para fabricar mobiliario de exteriores, sino más bien con una visión de “un entorno cálido, agradable, donde la gente disfrutase creando juntos cosas hermosas”. La sede central de DEDON estaba en un pareado en el pueblo de Dürrnhaar, al este de Munich. En el piso de arriba, Bobby, Ann- Kathrin, sus dos hijos, el tío de Bobby, Seppi, y su tía, Resi (hermano y hermana de su madre) y una au- pair de Noruega formaron un hogar. La casa estaba muy llena, pero se estaba muy a gusto y era el tipo de vida que Bobby siempre había deseado. En el sótano trabajaba el joven empresario. “No teníamos ni idea de qué íbamos a vender”, recuerda con una sonrisa, “excepto los esquís”. Esquís decorados a mano, esa fue la gran idea de los comienzos. Para hacerla realidad, Bobby pronto trasladó DEDON a unos establos de 1.000 m2 a las afueras de la ciudad, cuyo interior decoró como un paisaje alpino. A pesar de haber realizado una inversión considerable, sus esquís decorados con aerógrafo no tuvieron éxito. De los 1.000 pares con los que comenzó, solo se vendieron 80, de los cuales 50 fueron devueltos. Era el primer proyecto empresarial de Bobby y ya estaba al borde de la bancarrota: “Si no fuese por las jirafas,” comenta hoy, “DEDON no hubiese sobrevivido”. Esas estatuillas de jirafas de rafia y de dos metros de altura que su hermana había enviado a casa desde Madagascar, tenían al principio un aspecto bastante común. “Afortunadamente, todavía tenía todo el equipo de aerografía que usamos para pintar los esquís”. Organizó a las amas de casa locales para pintar las jirafas con lunares brillantes y antes de que se pasasen de moda ya había vendido unas 15.000 a 50 euros la pieza. Mientras tanto, ya estaba trabajando en una idea que había dejado aparcada. Bobby siempre había preferido estar al aire libre. “Algunas veces pienso que no he nacido bajo techo”.

Al principio, antes de tener un jardín propio, Ann- Kathrin y Bobby gastaban más dinero y pasaban más tiempo en el balcón o terraza que en cualquier otra parte de la casa. Pero los muebles de mimbre que les gustaban siempre acababan rompiéndose. “Nunca aceptaríamos unos muebles de tan mala calidad en nuestro salón,” dice Bobby. “¿Por qué los vamos a aceptar para el exterior de la casa?” Entonces, a Bobby se le ocurrió crear muebles aptos para un “salón exterior”.

Poco después de dejar el fútbol, todavía obsesionado por su visión de un salón exterior, Bobby había ido a visitar a su tío, Seppi Hummer, un ingeniero y experto en el negocio familiar de la extrusión de plásticos. Juntos, los dos hombres crearon una ingeniosa fibra sintética. Era delicada pero fuerte, de aspecto natural y totalmente resistente a la climatología. Cuando finalmente quedaron satisfechos con el producto Bobby fue incluso a registrar los derechos de autor sobre la fórmula secreta. Pero, sin saber qué hacer después, y con otras ideas más urgentes, como los esquís aerografiados, decidió aparcar esa visión. Cuando visitó una exposición de muebles en Colonia, tuvo un encuentro con el destino al ver las exquisitas sillas, tumbonas y sofás de mimbre de un empresario de la Isla de Cebú, Filipinas, llamado Manny Climaco. Bobby se preguntó, ¿qué pasaría si los mismos artesanos del trenzado que habían creado esas piezas usasen la fibra de DEDON en lugar del mimbre tradicional? Seis días después, con una bobina de fibra de 47 kg al hombro, Bobby se montaba en un avión con destino a Filipinas con la intención de averiguarlo. Convencido de que su nueva idea prometía, trasladó a toda su familia a la isla de Cebú durante 6 meses. Allí trabajó con Climaco y sus artesanos del trenzado para hacer realidad su visión de un salón exterior. Cuando la familia Dekeyser volvió de nuevo a Alemania, DEDON era una empresa dedicada a la fabricación de muebles. Mientras hojeaba la revista de una inmobiliaria durante un vuelo a Filipinas, Bobby vio un anuncio de una granja que tenía unos 200 años de antigüedad. Estaba situada cerca de la ciudad medieval de Luneburg, en el norte de Alemania. Estaba a solo una hora en coche del puerto de Hamburgo, donde pronto llegarían los muebles de DEDON. Más tarde le enviaría la información por fax a Ann-Kathrin desde su hotel en Manila. Durante años, la pareja había soñado con vivir en una granja, más cerca de la naturaleza, y cuando Ann-Kathrin vio la granja cerca de Luneburg supo que era lo que estaban buscando. Les llevó tres años arreglarla. Toda la familia se encargó de la tarea. Bobby finalmente podría crear un salón exterior propio. Y en cuanto a DEDON se refiere, el gallinero de dos plantas de la propiedad era ahora su sede mundial y el antiguo pajar el almacén. Los primeros años fueron muy movidos. Bobby tenía muchas veces la sensación de estar dirigiendo un experimento y, en cierto modo, así era. Viajando de feria en feria, luchando por mantenerse a flote, el nuevo empresario estaba  comenzando a revolucionar el mobiliario de exteriores. Pero lo que se mantenía constante eran los valores que Bobby había aportado a la tarea; determinación, perseverancia, flexibilidad, equilibrio entre la vida laboral y familiar, y la insistencia de pasárselo bien con la familia y los amigos. Bobby cita como ejemplo de ello a Oya Ogurcu Yalun, de Estambul, el primer importador de DEDON y una de sus mejores amigas. No cabe duda de que estos valores están grabados en el ADN de nuestra empresa. “Durante los primeros diez años desde el lanzamiento de la empresa,” comenta Bobby, “tuve más de una razón para disolverla y desesperarme”. Recuerda su primer gran pedido, mil sillas con armazón de caña para un complejo hotelero importante. Pocos meses después de la entrega, todas y cada una de la sillas se rompieron. Bobby compró personalmente sillas de plástico para que el hotel pudiese sustituir las rotas y aprovechó el desastre para reconstruir su producto. Finalmente, convirtió el complejo hotelero en un fiel cliente habitual. Gracias en gran parte a las lecciones que había aprendido en el fútbol, nunca se daba por vencido. “El fútbol es una preparación única para la vida,” afirma hoy en día. “Entrena tu espíritu, tus reflejos, tu resistencia y tu disciplina. También te enseña a ser optimista. Es normal tener miedo, pero el fútbol me enseñó que cuando estás en el campo, la única manera de superar tus temores es creer  en ti mismo y en tu equipo. Creer que vas a ganar a pesar de la dificultad de la situación." Aunque el negocio tardó en despegar, durante esos primeros años en Luneburg, en DEDON se gestaron muchas de las innovaciones de las que más tarde se beneficiaría. En 1997, por ejemplo, después de una serie de catástrofes de calidad causadas por los armazones de caña, Bobby cambió ese material por aluminio, cuando éste estaba entrando en el mercado de los muebles. Poco después, conoció al diseñador Richard Frinier, el “rey del mobiliario de exterior”, como se le conoce, y amigo íntimo desde entonces. Frinier encaminó a DEDON hacia el diseño contemporáneo de gama alta. Durante esos años, Sonja, la hermana de Bobby, se hizo cargo de las tareas de marketing y creó la imagen de la marca que ayudaría a DEDON a jugar en una liga propia. Fue entonces también cuando apareció Hervé Lampert. Hervé se describe a sí mismo como un chico de granja de la Alsacia. Estaba haciendo unas prácticas en la misma fábrica de plásticos en Francia donde Bobby estaba extruyendo la fibra DEDON. Se cayeron bien inmediatamente y poco después, Bobby había convencido a Hervé, que tenía entonces 20 años, de unirse a DEDON y los Dekeyser en la granja familiar. Desde el momento en que llegó a Lüneberg, Hervé fue de gran ayuda en todo, desde cargar y descargar los contenedores, organizar los papeles que Bobby “archivaba”  en el suelo de su oficina a acompañarle a las ferias. Así que solo fue cuestión de tiempo que Hervé acompañara a Bobby también en sus viajes a Asia. Poco después ya viajaba allí solo, se reunía con los suministradores y les apremiaba para mejorar la calidad de sus productos. En el año 2000, hartos de trabajar con las calidades chapuceras de los suministradores en Tailandia y China, Bobby y Hervé crearon una fábrica de DEDON en la isla de Cebú, el lugar donde se había fabricado la primera silla DEDON en 1993. Hervé enseguida se hizo cargo y se mudó a Cebú a la edad de 23 años para organizarlo todo. Hasta ese momento, la historia de DEDON y la de Bobby Dekeyser habían sido prácticamente idénticas. Pero ahora, la historia de DEDON estaba empezando a cobrar vida propia, tal y como Bobby siempre había deseado. Un año después de la llegada de Hervé, la fábrica de Cebú estaba trabajando a pleno rendimiento. El tener todo el control de la creación de sus propios productos, desde el principio hasta el final, estaba empezando a dar sus beneficios: DEDON crecía a un ritmo del 80% anual. Mientras tanto, la hermana de Bobby, Sonja, y su marido, Jan van der Hagen, abrían el primer showroom y la primera oficina de ventas internacional en Barcelona. Con Jan dirigiendo las ventas y la distribución internacional y Sonja concibiendo campañas de publicidad cada vez más eficaces, DEDON se estaba convirtiendo en una marca global de la noche a la mañana. En 2003, un año después de que Jan se hubiese unido a la empresa y algo más de dos años después de que la producción en Cebú hubiese experimentado un impulso, DEDON estaba representado en 30 países. En Luneburg las cosas también estaban avanzando más que nunca. En 2002, el equipo local había aumentado a 23 personas, mucho más de lo que podía acoger cómodamente la granja de los Dekeyser. Al almacén le faltaba espacio y las ventas aumentaban más del doble por año. Fue el tío Seppi quien encontró la sede actual de DEDON en la calle Zeppelin. El antiguo almacén de una empresa japonesa tenía unos 10.500 m2 y un terreno de 45.000 m2, pero la propiedad no era demasiado atractiva en 2003, y el precio que se pedía por ella, diez millones de euros, era mucho más de lo que DEDON se podía permitir. Aunque eso no fue suficiente para que Bobby se rindiese. “Nunca pensé que podría comprarla,” dice, pero “a modo de chiste”, hizo una oferta: un millón de euros y tres días de plazo para que decidiesen los vendedores. Aceptaron en el último momento y Bobby tuvo que invertir más de tres millones de euros para transformar el espacio en una especie de “Club Med” luminoso y amplio (como él lo describe) que es hoy en día. Cualquier otro propietario de una empresa pequeña en crecimiento, como DEDON, hubiese intentado ahorrar todo lo posible en la renovación para invertirlo en el negocio. Pero para Bobby, la mejor inversión era crear un lugar de trabajo donde los empleados se sintiesen verdaderamente satisfechos y que personalizase la filosofía y los valores de la empresa. A lo largo de los últimos años, a medida que DEDON ha ido creciendo y Bobby ha sido elegido como uno de los empresarios más importantes de Alemania (tanto en 2005 como en 2007), la sede central en Luneburg se ha convertido en el centro de los artículos de prensa acerca de su liderazgo visionario. Como director ejecutivo, Bobby ha dejado el trabajo del día a día de los últimos años en manos de sus competentes socios ejecutivos, pero continúa ejerciendo el mismo liderazgo. El éxito de DEDON le permite embarcarse en otras de sus pasiones, en particular la de crear y supervisar una fundación independiente, Dekeyser & Friends, cuyo objetivo es inspirar y fomentar los sueños de jóvenes de todo el mundo. “DEDON siempre ha fomentado proyectos sociales en todo el mundo,” dice Bobby, “y seguirá haciéndolo. Pero con Dekeyser & Friends, quería ir más allá. La fundación ofrece becas completas a jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 28 años, para que participen en proyectos culturales, sociales y deportivos únicos. En  ellos aprenden de mentores con experiencia, los “Friends”(amigos)  y crean un plan para conseguir los sueños de su vida”. La fundación Dekeyser & Friends, con su director general, Florian Hoffmann, de tan solo 28 años y con un gran talento, comenzó su exitosa andadura en el verano de 2009. Su primer proyecto fue la reconstrucción y restauración de una granja museo del siglo XVII en Alemania, al que siguió un proyecto de danza en grupo con la famosa compañía de danza “Fire of Anatolia” en Turquía. Este año, 18 jóvenes pasarán seis meses en la isla de Cebú y participarán en un proyecto de realojamiento. Construirán un nuevo pueblo para familias que debido a su extrema pobreza se han visto obligadas a vivir en un basurero. Desde su excelente posición como Director Ejecutivo de DEDON, Bobby sigue supervisando todos los aspectos de la compañía y marca el camino a seguir en el futuro. “Me gusta crear estructuras,” explica, “aportar mis ideas y encontrar gente a la que realmente le guste adoptar estas ideas y transformarlas. No soy bueno en nada, pero me interesa todo. Siempre busco gente que sea mucho mejor que yo, que haga su trabajo con pasión y les doy la libertad para poder hacerlo”. Como saben los que trabajan con él, este ha sido siempre el estilo de gestión de Bobby. La autonomía que disfrutan todos y cada uno de los empleados de DEDON para cumplir sus responsabilidades según crean conveniente, lo demuestra. Quiero crear algo similar a una plataforma para las personas,” dice Bobby. “Donde se puedan descubrir y expresar a sí mismos, y donde podamos hacer juntos grandes cosas. Todo se basa en la amistad. Y la gente que no lo entiende, piensa que es solo un negocio. Pero es más. Es la vida”.